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FAMILIA 1

Por Douglas Darnall, Ph. D. (Traducción autorizada de Julio Bronchal, psicólogo)

En la segunda edición del Síndrome de Alienación Parental (SAP) del Dr. Gardner, éste definía el SAP como “un trastorno que surge principalmente en el contexto de las disputas por la guarda y custodia de los niños. Su primera manifestación es una campaña de difamación contra uno de los padres por parte del niño, campaña que no tiene justificación. El fenómeno resulta de la combinación del sistemático adoctrinamiento de uno de los padres y de las propias contribuciones del niño dirigidas a la vilificación del progenitor objetivo de ésta campaña denigratoria”. El Dr. Gardner enfatiza el argumento de que si “el maltrato o la negligencia hacia el menor está demostrado” y la aversión y animosidad del niño está justificada, el SAP no sería una explicación apropiada de los sentimientos infantiles.

    El Dr. Gardner describe lo que los niños severamente alienados pueden llegar a mostrar. Con el objetivo de entender mejor este síndrome y ayudar a prevenir el daño que causa a los niños y a las familias, sugiero que los padres y los tribunales deben conocer el proceso que conduce al SAP. Por consiguiente defino la Alienación Parental (AP), en lugar del SAP, como cualquier constelación de comportamientos, sean conscientes o inconscientes, que puedan provocar una perturbación en la relación del niño con su otro progenitor. Esta definición es distinta de la definición original del Dr. Gardner del SAP dada en 1987: “una perturbación en la cual el niño está implicado en la desaprobación y la crítica hacia uno de los progenitores, actitudes que son injustificadas y/o exageradas.” El Dr. Gardner explica que el término es similar en significado al “lavado de cerebro” excepto en que la motivación para el progenitor alienador tiene tanto un componente consciente como otro “subconsciente o incosciente”. Así mismo los propios niños pueden llegar a tener motivaciones que pueden hacer del SAP algo peor. Su perspectiva hedonista por las gratificaciones inmediatas o su deseo de evitar lo incómodo, como las situaciones ansiógenas, los hace aliados vulnerables para situarse al lado del padre alienador. Los niños llegan a ser abogados del padre alienador, sus portavoces, contra su progenitor aborrecido. Llegan a ser los soldados mientras que el padre alienador es el general dirigiendo la acción en la retaguardia contra el padre víctima del SAP. Los niños, frecuentemente, no tienen consciencia de cómo están siendo utilizados. Es muy importante entender que si el niño está enfadado y rechaza las visitas con el otro padre a causa de antecedentes de abuso, el comportamiento infantil no es una manifestación del SAP. Esta es la razón por la cual la cuestión de las falsas denuncias es tan importante.

    Otra diferencia que propongo y perfilo en mi libro (“Divorce Casualties: Protecting Your Children Fromo Parental Alienating”), editado en septiembre del 98, es mi énfasis sobre los padres alienadores, más que en la gravedad de los síntomas. Creo que es importante está distinción porque los padres (ambos, madres y padres) deben ser capaces de considerar honestamente su comportamiento, identificar los síntomas de la alienación (no sólo los síntomas del SAP) y aprender estrategias para prevenirlo en lugar de preocuparse por si son el alienador o el padre alienado. Considero que la alienación es un proceso recíproco donde ambos padres quedan atrapados en su dinámica.

    La más controvertida sugerencia del Dr. Gardner para tratar con los casos de alienación severa fue la de sacar a los niños de la casa del progenitor alienador y entregárselos al padre víctima de la alienación. Más tarde, sin embargo, reconsideró esta recomendación, diciendo que los niños “probablemente escaparán y harán lo posible para regresar al hogar del alienador.” (Gardner, 1992). En lugar de esto el Dr. Gardner recomendó “lugares de transición” como hogares de amigos o familiares, casas de acogida u hospitales. Cada lugar debería de tener diferentes niveles de supervisión y recursos para ayudar al los niños y al padre víctima del SAP. La hospitalización sólo debería ser utilizada como último recurso.

    La definición del Dr. Gardner enfatiza el punto de que el niño debe de ser un activo participante, junto al progenitor alienador, en la difamación y denigración del padre objetivo del SAP. Nosotros proponemos una definición de la Alienación Parental (AP) que se centre más en el comportamiento parental y menos en el papel del niño en la denigración del padre hecho víctima, puesto que el proceso de alienación puede comenzar antes de que el aborrecimiento del alienador se instale en las creencias del niño sobre el progenitor hecho víctima. Esta definición es necesaria si los padres están dispuestos a reconocer los riesgos de caer inconscientemente en patrones alienantes si no ejercen una acción correctiva. Con el tiempo los niños llegan a estar de acuerdo con la propaganda del padre alienador, es entonces ya demasiado tarde para prevenir los severos efectos del daño provocado por la alienación.

    En la definición del Dr. Gardner también se establece que la crítica hacia el otro padre debe ser injustificada y/o exagerada. No creo que esta puntualización sea necesaria. Un padre puede predisponer a un niño contra el otro progenitor únicamente insistiendo en defectos que son reales o probables. Los padres divorciados necesitan entender que sus hijos precisan amar a ambos progenitores todo cuanto sea posible, aun cuando ellos haga tiempo que dejaron de amarse entre sí. Los padres deberían ayudar a sus hijos subrayando más las virtudes que los defectos del otro progenitor.

    Es importante tener en cuenta que la alienación no es cuestión de un “malo”, contra un “bueno”, el padre víctima de la alienación. Los papeles cambian. Puede que el mismo padre pueda ser víctima y alienador al mismo tiempo, dependiendo de cómo se comporte. No es infrecuente que un padre víctima se desquite con comportamientos alienantes contra el otro progenitor. Llegado a este punto los padres habrían intercambiado los roles. Este proceso podría ocurrir incluso antes que el SAP llegue a manifestarse. El problema ahora es que en esta escalada de alienación mutua cada padre se desquita del otro a través de comportamientos alienantes. ¿Qué resulta de todo ésto para los niños? Es un círculo vicioso que debe ser prevenido e interrumpido.

    No se puede asumir que el padre víctima sea intachable. Los progenitores objetivo del PAS pueden llegar a ser alienadores cuando se desquitan de sus heridas. Así pueden llegar a situarse en el papel de alienadores convirtiendo al otro padre en la víctima. Los roles pueden llegar a ser confusos porque puede hacerse difícil distinguir entre el alienador y la víctima. A menudo ambos padres se sienten víctimas. La alienación es un proceso, no una persona.

    Entender el SAP es de máxima importancia para el bienestar del niño y el propio bienestar psicológico de los padres. Los padres divorciados, los abuelos, jueces, mediadores, los abogados y los psicólogos precisan entender la dinámica de la alienación parental, reconocer los comportamientos sintomáticos y saber ejecutar tácticas para combatir la disfunción.