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La vergonzosa obra de títeres para niños del maldito carnaval madrileño es un caso típico de apología de la violencia de género, y la violencia machista.


 

Para la izquierda ultrafeminista y radical la violencia llamada de género es el único verdadero problema de nuestra sociedad. A la supuesta erradicación de la violencia de género destinan todos sus recursos, todo su tiempo y todo nuestro dinero.

Erradicada la violencia de género la humanidad vivirá en un estado de felicidad cercano al estado que nuestros antepasados vivieron en el Paraíso, con una única diferencia: ya no existirá la familia ni el hombre conocerá a la mujer.

Es curioso constatar no obstante como la izquierda radical es capaz de otorgar bulas cuando sus intereses así lo determinan. En este sentido es muy gráfico el triste acontecimiento protagonizado el fin de semana pasado por un grupo de familias madrileñas que de forma confiada decidieron llevar a sus hijos, sobrinos y nietos a un espectáculo de títeres.

El espectáculo lo fue verdaderamente por cuanto fue bochornoso y vergonzoso. Un par de titiriteros ofrecieron a los niños las lindezas que la cultura progre sabe ofrecer con calidad: violencia, venganza, sangre, odio y critianofobia.

Violencia pues los menores tuvieron que ver como en una representación de títeres se ahorcaban a jueces, se perseguía a los agentes de orden y se incentivaba a la okupación de viviendas. Venganza por cuanto desde la impunidad del tablado se defendía perseguir a los representantes de la ley y el orden. Sangre por cuanto el apuñalamiento, y el aborto se convierten según los titiriteros en argumentos artísticos de peso. El odio y la cristianofobia por cuanto otra vez las monjas son las responsables de todos nuestros males y por tanto han de pagar con su sangre el nuevo pacto con el diablo.

Y de fondo ese pasado Gora Eta, que ahora pasa a ser Gora Alka Eta.

La izquierda como es lógico justifica todos estos excesos de violencia. Para Pablo Iglesias lo único criticable es que los jóvenes titiriteros estén en el calabozo, pues su libertad de expresión ha de estar por encima de la protección a la infancia.

Para Carmena el único exceso es el del juez instructor, pues los comediantes hacían uso de su vis artística y lo único preocupante es que los espectadores no estuvieron al nivel deseado.

Lo que si que resulta curioso es que la izquierda española no se ha movilizado para criticar que los dos supuestos artistas defendieran desde la impunidad de la creación artística la violencia machista en el mismo momento en que los niños pudieron contemplar en directo un acto de violación, es decir, el típico acto de dominación del macho frente a la hembra indefensa.

Lo que tampoco resulta tan lógico es comprobar como la izquierda radical guarda silencio cuando son ellos mismos los que fomentan desde las instituciones la violencia de género representada en el aborto de una de las títeres, aborto como única solución a las consecuencias que el viril alivio supuso para la inocente dama.

O tal vez todo sea demasiado lógico, pues la realidad es que a estos defensores de la ideología de género, a estos enemigos de la violencia de género, les falta el amor verdadero a la mujer, la defensa sincera del interés del menor, y el reconocimiento de la dignidad efectiva y real de todo ser humano (aunque sea varón).

Carlos Pérez- Roldán Suanzes- Carpegna

Abogado, académico de la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades y colaborador de numerosas publicaciones y revistas, exdirector de la sección cultura del periódico digital Minutodigital, e impulsor de numerosas iniciativas de la sociedad civil para fomentar la participación ciudadana real en la vida política y social, como el Centro Jurídico Tomás Moro, o la Asociación Editorial Tradicionalista.

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