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Por Carlos Aurelio Caldito Aunión.


En la actualidad hay en España alrededor de cuatro mil hombres encarcelados debido a la aplicación de la ley de ‘violencia de género’.

 

Desde que comenzó a aplicarse la LVIOGEN hasta hoy han sido procesados más de 2.000.000 millones de hombres.

 

Sorprende que la “macroencuesta tramposa” realizada en España por el Gobierno de José María Aznar, en 1999, afirmaba que en España había, entonces, más de dos millones de mujeres maltratadas, es decir, dos millones de mujeres llenas de tumefactos moratones y sangrantes heridas, que era lo que la gente, en su ingenuidad, entendía entonces por maltrato. Unánimemente jaleada por los medios de comunicación, aquella primera Macroencuesta descargó sobre la sociedad una tormenta de misandria, androfobia, linchamiento y demonización del varón y, de paso, una lluvia de oro en las arcas de algunas OENEGÉS subvencionadas (generosamente regadas con dinero público, salido de nuestros impuestos).

 

Con aquella “Macroencuesta”, con la alarma social que se pretendía y se consiguió, y con la serie de medidas legislativas y económicas, el lobby feminista español alcanzó uno de sus grandes triunfos históricos en su empeño por convencer a la sociedad de que en cada hombre hay un maltratador en potencia.

 

La Macroencuesta es probablemente el más logrado y tramposo ejercicio de victimismo del feminismo hispano, tan eficaz que hasta tuvo un imitador: la encuesta Enveff en Francia.

 

En España, el tramposo estudio de opinión volvió a perpetrarse en 2002 y 2006, con idéntica metodología y resultados, aunque con menos ruido de timbales, bombos, platillos y tambores. Para entonces eran ya muchas las voces que habían denunciado su descarada parcialidad y su falta de rigor, aunque los medios de información y creadores de opinión -generosamente regados, también, con dinero de los contribuyentes- optaron unos por divulgar tamañas falsedades, de manera entusiasta, y otros por seguir en el guindo. La gran estafa, auspiciada sin el menor rubor por las instituciones del Estado, consistió, en las tres ocasiones, en excluir de la evaluación a la población masculina y aplicar el cuestionario únicamente a mujeres.

 

Los diversos gobiernos que se han ido sucediendo en el tiempo, todos ellos miembros del “consenso social-feminista-homosexualista”, han vuelto a realizar más y más “Macroencuestas”, siempre con contenidos similares a los de las ediciones anteriores. Por supuesto, en todas las ocasiones, tampoco se ha incluido a varones en la muestra.

 

Obvio. ¿Dónde estaría la gracia y la ganancia, si al cuadrar las cuentas salen tantos maltratados como maltratadas, o incluso más, como suele ocurrir cuando se pregunta a ambos sexos por sus respectivos maltratos?

 

Decididamente, esto de la “igualdad de género” es cosa muy acomodaticia, un asunto más bien de protocolo y buena educación totalitaria y liberticida, como cuando llamaban camarada a Stalin… otros a Hitler.

 

Con todo lo que se habla últimamente sobre la prevaricación de los jueces y fiscales, creo que ha llegado el momento de reflexionar sobre la prevaricación de los políticos. Según el DRAE, prevaricación es el “delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario”.

 

Lean ustedes el cuestionario que hay más abajo y díganme si no es prevaricación aplicar la Macroencuesta sólo a las mujeres, a sabiendas de que éstas también insultan, critican, se enfadan, amenazan, golpean a sus esposos, novios, compañeros,… y a sabiendas de que si se hubiera encuestado también a los hombres sus respuestas serían  similares a lo declarado por las mujeres y dejaría sin justificación las políticas vigentes en materia de violencia doméstica, incluidos cargos ad hoc (más de 100.000 mujeres “liberadas” para asuntos de “igualdad y género”) y subvenciones de todo tipo, con el noble pretexto, la mentira noble de ayudar a las mujeres en riesgo de sufrir violencia, maltrato, sea con o sin resultado de muerte.

 

Amigo lector, si eres varón, has sido excluido por definición de las múltiples “Macroencuestas”, pero no olvides que la respuesta afirmativa a cualquiera (es decir, a una) de las siguientes preguntas, si a ti también te las formularan, te convierte en hombre maltratado en toda regla, al menos según los criterios de esta encuesta fraudulenta, degenerada.

 

En las Macroencuestas, cuyo cuestionario siempre retoma y amplía los de ediciones anteriores, se pregunta a las encuestadas si su cónyuge, o novio, o compañero, o alguien de su entorno familiar:

 

1- Le impide ver a la familia o tener relaciones con amigos, vecinos

 

2- Le quita el dinero que Vd gana o no le da lo suficiente que necesita para mantenerse

 

3- Hace oídos sordos a lo que Vd le dice (no tiene en cuenta su opinión, no escucha sus peticiones)

 

4- La insulta o amenaza

 

5- No la deja trabajar o estudiar

 

6- Decide las cosas que Vd puede o no hacer

 

7- Insiste en tener relaciones sexuales aunque sepa que Vd no tiene ganas

 

8- No tiene en cuenta las necesidades de Vd (le deja el peor sitio de la casa, lo peor de la comida)

 

9- En ciertas ocasiones le produce miedo

 

10- No respeta sus objetos personales (regalos de otras personas, recuerdos familiares)

 

11- Le dice que coquetea continuamente / o por el contrario que no se cuida nunca, que tiene mal aspecto

 

12- Cuando se enfada llega a empujar o golpear

 

13- Se enfada sin que se sepa la razón

 

14- Le dice que a dónde va a ir sin él (que no es capaz de hacer nada por si sola)

 

15- Le dice que todas las cosas que hace están mal, que es torpe

 

16- Cuando se enfada la toma con los animales o las cosas que Vd aprecia

 

17- Le hace sentirse culpable porque no le atiende/entiende como es debido

 

18- Se enfada si sus cosas no están hechas (comida, ropa, etc.)

 

19- Le controla los horarios

 

20- Le dice que no debería estar en esa casa y que busque la suya

 

21- Le reprocha que viva de su dinero

 

22- Ironiza o no valora sus creencias (ir a la iglesia, votar a algún partido, pertenecer a alguna organización)

 

23- No valora el trabajo que realiza

 

24- Le hace responsable de las tareas del hogar

 

25- Delante de sus hijos dice cosas para no dejarle a Vd en buen lugar

 

26- Desprecia y da voces a sus hijos

 

¿Has respondido afirmativamente a alguna de las preguntas anteriores? Entonces, no lo dudes, a efectos de las Macroencuestas, eres un hombre maltratado, aunque tu caso no es excepcional: casi con toda seguridad, en España hay más de dos millones de hombres en la misma situación.

 

¡Ah!, y no olvidéis una cosa. Las dos primeras Macroencuestas se hicieron con el PP en el poder; la tercera y la cuarta, bajo el gobierno del PSOE. Es decir, a pesar de su indigencia moral e intelectual, la Macroencuesta no es un simple ardid, una artimaña, un tinglado con fines electorales, sino el termómetro de una época, de una sociedad dispuesta a creer que los varones son malos por definición, los responsables de todas las maldades presentes, pasadas y futura, y las mujeres víctimas irredentas, benditas pacifistas, todas ellas sin excepción madres abnegadas, tendentes a resolver cualquier desavenencia mediante el diálogo,..

 

 Las encuestas tramposas degeneradas, “de género” son, por encima de todo, el mejor ejemplo de corrupción y de complicidad de la clase política y los poderes mediáticos con una terrible estafa.

 

Bien, retomemos a los hombres privados de libertad por haber sido denunciados por supuestos malos tratos a sus esposas, novias, compañeras…

 

Para quienes aún, tras doce años de venir aplicándose no se hayan enterado, la llamada violencia de “género”, también denominada violencia “machista”, la Ley de Violencia de Género transforma  cualquier conducta, de las que hasta hace años se consideraban “faltas” en delitos. Obviamente me refiero a cuando el autor es hombre; pues si quien incurre en tales acciones es mujer, entonces sigue considerándose una simple falta.

 

El asunto no es baladí, tiene suma importancia, pues cualquier cosa que se dé en una disputa conyugal, o de novios,  o de vecinos, o compañeros de trabajo, o entre gente que no se conoce, e intervengan una mujer y un hombre, se llamen insultos, palabras soeces, amenazas, expeler una ventosidad, zarandearse, empujarse… el hombre estará incurriendo en delito y la mujer en falta, aunque hagan lo mismo… Como pueden suponer, los hombres siempre serán castigados en caso de ser declarados culpables, más severamente, con saña, que las mujeres.

 

Una de las consecuencias de la asimetría penal de la que les vengo hablando es el gran número de hombres encarcelados por delitos relacionados con la violencia machista, contemplados en la actual Ley de Violencia de Género.

 

Otros factores añadidos son la perversidad y las terribles consecuencias de las órdenes de protección y alejamiento que imponen los tribunales a los supuestos “maltratadores”.

 

Aunque parezca increíble, cuando a una mujer supuestamente maltratada el tribunal de excepción, de nombre “juzgado de violencia de género”, le concede una “orden de protección y de alejamiento” respecto de su supuesto “maltratador”, la orden nunca es recíproca, el alejamiento solo afecta al supuesto maltratador, la supuesta víctima-mujer sí se puede acercar a su supuesto agresor… tal es así que esas mujeres que han pedido protección porque dicen que sienten pánico, y que temen que su “maltratador” las vuelva a agredir, suelen acabar acercándose, generalmente sin que su antiguo compañero se dé cuenta, y acaban denunciándolo para que la policía lo arreste y lo encarcele por -supuestamente- haber desobedecido la orden de alejamiento… Son muchos, demasiados, los condenados por denuncias falsas que acaban por ese procedimiento, encarcelados… y luego, las autoridades podrán afirmar sin ponerse colorados, que son “peligrosos machistas, violentos maltratadores”…

 

A tal situación hemos llegado, tras doce años de aplicación de la LVIOGEN, que según datos de Instituciones Penitenciarias, a finales de 2016 había en las cárceles españolas casi cuatro mil reclusos condenados por “violencia machista”, una cifra superior a los 3.800 penados por homicidios y asesinatos.

 

Relacionado con todo ello  está otro asunto que tampoco se cuenta: los hombres que son condenados a alejamiento, lo son generalmente mediante sentencias de “conformidad”, logradas con coacciones y amenazas del ministerio fiscal y del abogado del turno de oficio de “género”.

 

Los hombres privados de libertad, condenados por “violencia de género” hace ya mucho tiempo que son más del 15 por ciento de la población reclusa masculina, y están cercanos al 20%.

 

Las personas encarceladas de España por casos de malos tratos en el ámbito familiar son el tercer grupo de reclusos más numeroso tras los condenados por robo o por delitos relacionados con drogas.

 

Los que son absueltos (alrededor del 80 por ciento de los denunciados) nunca son declarados INOCENTES, pues si lo fueran, el juez y el fiscal deberían actuar “de oficio” y emprender acciones legales contra las mujeres falsarias.

 

En definitiva: mentir en una comisaría o puesto de la Guardia Civil, para conseguir ventajas procesales en los pleitos de divorcio, por la custodia de los hijos y la liquidación del régimen económico de gananciales, sale gratis; como mucho puede acarrearle a la mujer falsaria una pequeña multa, cuando la denuncia se sale absolutamente de ojo.

 

Las mujeres cuentan con servicios específicos como el 016, ¿por qué no los hombres, los ancianos y los niños?

 

Si dos mujeres o dos hombres se pelean de forma violenta, sean heterosexuales, lesbianas o gays, no se considera “violencia de género” y por tanto tiene otro tratamiento y otra clase de condena.

 

Como cualquiera que haya llegado hasta estas líneas se preguntará ¿Por qué en España hay víctimas de primera categoría y de segunda, e incluso tercera, dependiendo del sexo de la víctima y del sexo de la persona que ha ejercido violencia?

 

¿Por qué hay que castigar con más severidad a los hombres cuando incurren en el mismo ilícito penal que las mujeres?

 

Y la última ocurrencia gubernamental, respaldada por la totalidad del Congreso de los Diputados, que realmente clama al cielo, ha sido privar más todavía de derechos constitucionales a los hombres, para que las mujeres tengan más facilidad para desahuciarlos y repudiarlos y apartarlos de sus hijos… 1000 millones destinarán para ello en el próximo quinquenio… a ellos, como pueden suponer, no les aplicarán las leyes perversas que ellos mismos promueven, como sucedió por ejemplo con el socialista JUAN FERNANDO LÓPEZ AGUILAR, MINISTRO DEL GOBIERNO ZAPATERO PROMOTOR DE LA ley de violencia de “género” de 28 de diciembre de 2004, que entre otras lindezas dijo aquello de que “las falsas denuncias por maltrato contra hombres inocentes, son un daño soportable”… Todos los canallas que aprueban leyes para destruir a nuestras familias y apartarnos de nuestros hijos poseen un fuero especial (nunca serán juzgados en tribunales ordinarios, menos en los de excepción, llamados “juzgados de violencia de género”) y en caso de ser declarados culpables, ya se encargará el gobierno de indultarlos.

 

Por supuesto, como dice el dogma feminista de “género”, las mujeres no mienten, nada más lejos de sus intenciones, pues son unas benditas pacifistas, madres abnegadas… y sus hijos, tampoco mienten; pues como bien es sabido, la violencia como decía aquel anuncio del coñac Soberano, “es cosa de hombres”.

 

Y llegados a este punto, alguno se preguntará ¿Este asunto tiene truco, NO?

Pues, sin duda alguna:

 

La “industria del maltrato” es sin duda el mayor negocio fraudulento de los que han montado los políticos profesionales en España en las últimas décadas; para el próximo quinquenio (cinco añitos) el gobierno ha acordado dedicarle al asunto MIL MILLONES DE EUROS, aparte del que llega de la UE por cada denuncia (mayoritariamente falsas) más de 3000 euros por cada una… Si diariamente se presentan alrededor de 400 denuncias en España… las matemáticas no fallan: 1.200.000 euros diarios que luego se encarga de repartir el gobierno entre quienes forman parte de la industria mafiosa del maltrato.

 

Como decía un tal MARX, de nombre Groucho: La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.