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La brecha salarial es un mito, el techo de cristal es otra cosa


Recientemente el diario El País publicaba un artículo sobre la brecha salarial cuyo título era más que expresivo “La discriminación laboral de las mujeres se escapa a la Inspección de Trabajo”

Entre otras cosas el periodista refería que “la Inspección de Trabajo detecta y sanciona pocas situaciones de dicriminación laboral de las mujeres. En 2017 castigó a 135 empresas y recaudó 772.000 euros; el año anterior a 81. Son, apenas, el 0,1% de todas las sanciones laborales que pone”, estos datos podrían parecer sorprendentes para algunos, no obstante los que estamos acostumbrados a tratar con la realidad no nos podemos sorprender.

Efectivamente, la brecha salarial no existe, la discriminación salarial entre hombres y mujeres es un mito. Ante todo es necesario explicar quentendemos por brecha salarial la supuesta diferencia de sueldo entre un hombre y una mujer que ocupan el mismo puesto de trabajo, con las mismas condiciones laborales.

Es decir existe brecha salarial si en el mismo puesto de trabajo, con la misma antigüedad y en la misma empresa un hombre tiene un salario superior al de una mujer. Y no existe brecha salarial si en las mismas condiciones tanto el hombre como la mujer reciben el mismo salario.

La realidad de nuestras empresas, y de nuestros convenios colectivos, es que los salarios vienen fijados por categorías y no por sexos. Es posible que en alguna empresa pueda existir alguna desigualdad por razón de sexo, pero desde luego dichas diferencias no son significativas.

Si realmente existiera brecha salarial la culpa no la tendrían los empresarios, sino que la culpa serían de unos sindicatos que no realizan eficientemente su trabajo, pues ante una clara discriminación sería suficiente con denuncia ante Inspección de Trabajo, y plantear la oportuna demanda ante la Jurisdicción Social para que dicha situación fuera corregida. Afirmar que hoy por hoy existe brecha salarial, sería afirmar la necesidad de terminar con unos sindicatos que no han servido para nada.

Pero alguno dirán que las mujeres cobran menos que los hombres, y que por tanto existe una discriminación que es necesaria atajar. Pues bien, esta diferencia no es una brecha salarial, sino que tiene varias explicaciones. Por un lado las mujeres dedican menos horas al trabajo remunerado que los hombres, pues es más frecuente en las mujeres las jornadas parciales, por otro lado los hombres suelen ocupar puestos que por ser más sacrificados tiene mayor remuneración (ejemplos son todos los trabajos de construcción, transporte internacional por carretera, puestos en la minería …), y por otro lado habría que citar lo que se conoce como el techo de cristal, es decir la falta de mujeres en los puestos de mando empresariales.

Dejaremos para otra ocasión tratar de desentrañar las causas últimas que justifican que las mujeres no quieran trabajar en puestos de trabajo que exijan grandes sacrificios físicos, o que trabajen jornadas más cortas, o que las mujeres no tengan ese ánimo emprendedor que lleva a muchos hombres a montar sus propios negocios, pero ahora si quiero reflexionar sobre la gran ironía que en materia discriminatoria nos deja la ideología de género.

Para la ideología de género, no existe el sexo, sino que solo existe el género, y el género es la percepción que cada cual tenga de su sexualidad, independientemente de la apariencia genital, o de la apariencia conductual; pues bien si esto es así, ¿hasta cuando seguiremos publicando estadísticas sobre la diferencias retributivas por razón de sexo?, estas estadísticas ya no tienen sentido pues ¿algún encuestador ha preguntado a los hombres que cobran más si se sienten hombres o mujeres? ¿tal vez no esté equivocado el Ministerio de Trabajo al codificar los ingresos salariales únicamente en función del sexo que figura en el registro civil, no sería mejor o acabar con las tonterías de la ideología de género, o acabar con las discusiones de desigualdades en función del sexo?

Carlos Pérez- Roldán Suanzes- Carpegna

Abogado, académico de la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades y colaborador de numerosas publicaciones y revistas, exdirector de la sección cultura del periódico digital Minutodigital, e impulsor de numerosas iniciativas de la sociedad civil para fomentar la participación ciudadana real en la vida política y social, como el Centro Jurídico Tomás Moro, o la Asociación Editorial Tradicionalista.