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La magistrada antepone la relación del padre con la menor a las mejoras laborales que el cambio de residencia supondría para la progenitora


Solicitó la custodia de su hija, de cinco años, para llevársela a Bilbao y así iniciar allí una nueva vida con su actual pareja. Un cambio que le supondría a ella, supuestamente, disponer de un mejor salario al poder promocionar laboralmente dentro de la empresa, pero la jueza se lo ha impedido porque ello implicaría alejar a la niña de su padre, residente en Asturias. Es por eso que el Juzgado de Familia ha impuesto un sistema de custodia compartida, primando la buena relación de la menor con su progenitor a las expectativas laborales y sentimentales de su madre.

El divorcio se consumó, de mutuo acuerdo, en mayo de 2015. Se le concedió entonces la custodia a la madre con un régimen de visitas en favor del padre. Los dos residían en Oviedo y trabajaban en la misma empresa, hasta que el padre solicitó en el Juzgado la custodia compartida de su hija por considerar que era lo mejor para la pequeña. Fue entonces cuando la madre se opuso y solicitó la autorización para irse a vivir con la niña a Bilbao. Para ello alegó que su empresa le había concedido un traslado a la capital de Vizcaya -para agosto de 2018- lo que supondría que ella ganaría más dinero y podría vivir allí con su nueva pareja. También argumentó que en su puesto de trabajo actual no podía prosperar profesionalmente puesto que su expareja, el padre de la niña, ocupaba puestos clave en la empresa, al igual que su exsuegra y la actual pareja del exmarido.