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El Tribunal Supremo ha dictado una sentencia por la que se establece que la aplicación de agravante de género no requiere que exista una relación entre agresor y víctima, y que dicha agravante es compatible con la aplicación de la agravante de parentesco, que sí requiere que agresor y víctima tengan o hayan tenido relación de pareja.


En una reciente sentencia el Tribunal Supremo sigue profundizando en el actual sistema de desigualdad en el ámbito penal entre hombres y mujeres, al considerar que la agravante de género debe aplicarse en todos los casos en que se actúe contra la mujer, por el mero hecho de serlo, aunque entre el autor del delito y la víctima no exista ningún tipo de relación. Es decir quepara nuestro alto tribunal las víctimas femeninas siempre serán de mejor condición que las víctimas masculinas.

Por si no fuera poco, el Supremo considera que la agravante por género es compatible con la aplicación de la agravante de parentesco, aunque en este caso sí se requiere que agresor y víctima tengan o hayan tenido relación de pareja.

El supuesto en el que resuelve el Tribunal Supremo de esta manera tan poco igualitaria  -aplicando  al mismo tiempo de las dos agravantes de género y de parentesco- es el de un hombre condenado por la Audiencia de Madrid a 11 años y medio de prisión por maltrato habitual y tentativa de homicidio a una mujer con la que mantuvo una relación análoga a la conyugal con convivencia. Al condenado se le ocurrió la infeliz idea de recurrir ante el Supremo para pedir justicia, y se encuentra ahora con esta sentencia que ratifica una vez más el sistema de apartheidinstaurado en nuestro país desde hace unas décadas.

Según el Tribunal Supremo las dos agravantes son aplicables al supuesto, y además son compatibles, al tener, supuestamente, diferente fundamento. Así, y según el Supremo, la agravante de parentesco del artículo 23 del Código Penal tiene un fundamento objetivo de agravación, que se aplica siempre que medie entre autor y víctima las relaciones de afectividad o convivencia que recoge; mientras que la agravante de género del artículo 22.4 del Código, introducida en la reforma de marzo de 2015, tiene un fundamento subjetivo“necesitando que concurra en el autor del delito un ánimo de mostrar su superioridad frente a la víctima mujer y demostrarle que ésta es inferior por el mero hecho de serlo”.

 

Actos de dominación del hombre

 

Por si no fuera poco, la sentencia puntualiza que el hecho de que sea compatible con la agravante de parentesco en las situaciones de pareja con convivencia, “no excluye que la agravante del artículo 22.4 del Código Penal pueda aplicarse también aisladamente si el ataque se hace a una mujer con la que el sujeto activo no tiene ninguna relación de pareja o expareja, pero se pueda desprender de la prueba practicada que se ha realizado el ilícito penal con actos que implican dominación del hombre hacia una mujer por el hecho de ser mujer. Es decir, que ahora el Tribunal Supremo juega a legislador, y a legislador injusto, y se permite el lujo de sentar doctrina, no para el supuesto que era objeto de juicio, sino para otros supuestos.

Es necesario reconocer que el Supremo ha lanzado un importante aviso a navegantes: la agravante de género se aplicará siempre “por el mero hecho” de ser mujer.

La Sala subraya al respecto que “la agravante de género debe aplicarse en todos aquellos casos en que haya quedado acreditado que el autor ha cometido los hechos contra la víctima mujer por el mero hecho de serlo y con intención de dejar patente su sentimiento de superioridad frente a la misma; es decir, en aquellos casos en que se cometió el hecho por esa motivación, que atenta contra el principio constitucional de igualdad”. Por el contrario, resaltan los magistrados, la agravante de parentesco responde a parámetros objetivables relacionados directa o indirectamente con la convivencia. Es decir, que el propio Tribunal Supremo viene a reconocer que la agravante de género es subjetiva y necesita de intencionalidad clara, no obstante, no nos da las claves para poder demostrar, o excluir, dicha intencionalidad. Ahora cabe preguntarse: ¿es el agresor el que atenta al principio constitucional de igualdad, o es el propio Tribunal Supremo el que ataca dicho principio de igualdad?

En relación a la significación de la agravante de género, la resolución insiste en que existe una situación de subyugación del autor del delito sobre víctima “pero sin concretarse de forma exclusiva el ámbito de aplicación de la agravante sólo a las relaciones de pareja o expareja, sino en cualquier ataque a la mujer con efectos de dominación, por el hecho de ser mujer”. Cuando el Supremo habla de efectos de dominación, no explica que hemos de entender por tales, con lo cual toda la argumentación es una verdadera trampa jurídica, y aunque reconocen que la agravante de género no es un elemento objetivo, sin embargo, lo objetivan al reconocer que se aplicará la agravante por el mero hecho de ser mujer la víctima.

En cuanto a la agravante de parentesco la Sala recuerda que el afecto no es una característica rigurosamente exigida por la jurisprudencia para que pueda aplicarse, e indica que el texto legal ni siquiera exige la presencia actual de la relación, sino que expresa que puede existir, pero también haber existido en el pasado. Es decir que la ruptura de pareja, o el divorcio, no causa efectos extintivos en materia penal, y será suficiente un día de relación sentimental, aunque sea 40 años anteriores a los hechos discutidos, para que se aplique la agravante de parentesco.

La Sala puntualiza que ni la agravante de parentesco ni la de género puede aplicarse a aquellos tipos penales (de lesiones, coacciones o amenazas de los artículos 148.4, 153.1, 171.4 y 172.2 del Código) que ya prevén entre sus elementos que necesariamente exista o haya existido entre víctima y autor relación, pues en caso contrario se vulneraría la prohibición ‘non bis in ídem’ (que impide sancionar dos veces el mismo hecho).

Bravo por el Tribunal Supremo y su defensa del principio constitucional de igualdad.